LEE CON ATENCIÓN
CLARA
Es alta y delgada, con cabello como hilos de oro que caen suavemente sobre sus hombros. Sus ojos son dos charcos de cielo, profundos y brillantes, que parecen guardar secretos antiguos. Su boca, pequeña y siempre sonriente, tiene la suavidad de un pétalo recién abierto.
Camina con paso ligero, como quien no quiere molestar al mundo, y sus manos, largas y finas, se mueven con delicadeza al tocar un libro o al acariciar una flor. Su risa es un murmullo alegre que se escapa entre las palabras, dulce como la miel, y su voz, pausada y clara, acaricia los oídos de quien la escucha.
Le gustan las tardes de lluvia, los cafés humeantes y las canciones que cuentan historias de otros tiempos. Es amable y generosa, siempre atenta a los demás, pero también firme y decidida cuando la situación lo requiere. Dentro de su mirada se esconde la ternura de un niño y la fuerza de una roca; su corazón late con suavidad y valentía al mismo tiempo.